Casi dos días sin dormir y una llegada a Corea

Estoy sentada con mis viejes y mi hermana en la zona de preembarque, esperando que se haga la hora para pasar por los controles y embarcar. Veo cómo la gente que tiene el mismo color de boarding pass que yo pasa las puertas, cómo el cartel que anuncia mi vuelo va subiendo cada vez más en las pantallitas y a mí me agarra la desesperación, porque falta cada vez menos para no ver a esas tres personas por seis meses, y un poquito me parte el corazón.

Mi viejo se guardó todos los chistes malos para hoy, aunque no sé si fue para hacernos reír, porque está un poco nervioso o ambas cosas. Mi vieja lloró un poquito una hora antes, cuando nos acercamos a la zona de preembarque, pero se contuvo y yo me tuve que aguantar las lágrimas porque si ella se la aguantaba, entonces yo también. Mi hermana se hizo la desentendida durante el viaje a Ezeiza, mirando una serie que se había descargado en Netflix, y ahora cada vez que hay una pequeña muestra de cariño, se pone a hablar de otra cosa.

Pero se acerca la hora de pasar el control y a mí me agarra un poco de angustia. Tenía hasta las 17:25 según la app de la aerolínea, pero haciendo el check in me dijeron que ese es el horario de embarque, que el preembarque termina 17:05 y que me conviene estar ahí a las 16:30. Y qué hace una hora de menos, me pregunto yo, si no les voy a ver por seis meses y me va a doler igual. Pero la estiro hasta menos veinte y menos cuarto y menos diez y ahí sí, rompo el silencio que se había hecho entre les cuatro y saco el pasaporte y el boarding pass, anunciando que me voy.

Mamá me abraza dos veces, llorando, y me hace llorar. Papá me abraza fuerte y me da un beso, y me dice “acordate de todo lo que te dijimos”. Mi hermana apenas me abraza y vuelve a hacer un chiste, pero sube una historia a Instagram despidiéndome en coreano y yo vuelvo a llorar en la fila para embarcar.

El avión se apagó dos veces antes de siquiera comenzar a carretear, y claramente el piloto debió sentir en el alma nuestras caras de pánico porque aclaró que es algo que pasa, que no sé qué de probar las turbinas, que ahora por esas dos apagadas tienen que activar el entretenimiento de forma manual “como en los viejos tiempos” o algo así.

My dramatic ass por las dudas le avisa a mi hermana (y le pide que no le diga a mis viejes) y a otra persona con la que estaba hablando en el momento sobre las fallas, cosa de que sepan bien a qué hora empezó la cosa por si pasa algo. Obvio que exageradísima siempre.

No nos piden de bajar, ningune azafate parece estar en pánico y ningune pasajere, yo incluída, hace más que observar al staff y abrocharse bien los cinturones. El pibe que está sentado del otro lado del pasillo pregunta varias veces qué pasa para sí mismo en voz alta, pero el resto del vuelo habla un idioma que no entiendo.

Capaz proyecté en él la intranquilidad que me dio tener que encender tres veces la pantallita esa que tarda mil años en arrancar.

Estoy a 4 horas de Frankfurt, son las tres de la mañana en Argentina y yo me estoy cagando de hambre.

Apenas si dormí hora, hora y media. No puedo, no es que no quiera: la verdad es que me gustaría estar durmiendo y no viendo en la pantallita cómo va avanzando el avión (porque ya me vi un par de pelis, un concierto, un documental y vengo escuchando de mi música hace cuatro o cinco horas). Paso el tiempo esperando que el sol ilumine la zona por la que vamos, cosa de poner la cámara del avión. No hay nadie sentado al lado mío, así que levanté el apoyabrazos y medio que me acomodé, pero el sueño duró muy poco. Les alemanes/suizes/algo que están después de ese asiento vacío duermen desde hace, mínimo, seis horas. Kembidia.

Tengo hambre porque apenas subimos nos dieron unos pretzels y la cena nos la sirvieron a las 19:30, y lo que parecía un pedazo de jamón resultó ser un postre de dulce de leche y vainilla con salsa de chocolate. Por suerte lo probé antes de meterlo en la ensalada, porque juro por Dios que estaba a punto de hacerlo. Tan paisana que duele.

Casi todo el avión está dormido pero obvio que en diagonal a mí se sentó el baby boomer más molesto de la historia: se durmió apenas terminó la cena y se despertó a las 23 para ver pelis con el brillo de la pantalla a todo lo que da. Eso no le impidió dormirse, obvio, sin ponerle pausa a la peli ni de casualidad y, por lo tanto, cegándome a lo lejos.

Hace ya como una hora que no pasa ningune azafate ofreciendo bebidas. Son piolas, pero medio seques. Nivel podría pedirles diez tipos de bebidas diferentes de una sola vez, pero no me animo a preguntarles si lo que está al costadito derecho del asiento es un enchufe como la gente o no. Tampoco dicen de nada cuando les digo gracias (bue, quién sos, José María Domínguez amo y señor de las buenas vibras turbias).

Igual siempre les pido solo agua, pero ahora tengo ganas de, aunque sea, un jugo. O un sedante para caballos. O una patada en la cara.

Lo que me ofrezcan primero.

Llegué hace media hora al aeropuerto de Frankfurt y tengo otras cinco y media hasta que salga mi avión. Estoy medio mareada, como cuando andás mucho en bici o en rollers y de repente comenzás a caminar.

Está casi vacío y tengo a dos familiares diciéndome que pruebe los pretzels, y a dos personas diciéndome que tome birra alemana. Respondo que a la vuelta, que ahora capaz es para cagada, pero que el pretzel capaz lo voy a comprar.

Pero al final no lo compro, porque tengo hambre y quiero comer algo que me llene. Me compro una hamburguesa con queso en McDonald’s con una Coca light mediana, porque prefiero comer algo conocido antes que comida que no investigué, y pienso en que a la vuelta me voy a poner las pilas y buscar a ver qué comida alemana puedo comer mientras espero.

La hamburguesa tiene pickles, PICKLES. Y en la comodidad de mi casa me encantan, pero estos son pickles alemanes, por lo tanto bastante amargos, y me tomaron por sorpresa. Para empeorarla, la Coca light es terriblemente dulce, dos o tres veces más que la argentina, y el contraste con la hamburguesa es medio asqueroso.

Porelamordedióh quiero llegar a Corea y descansar.

El vuelo a Corea es muchísimo mejor que el de Frankfurt. 

En principio, la fila que elegí separa la economy de la economy premium, por lo tanto el espacio para las piernas es gigante. Son unos 30 o 40 centímetros de separación entre mi fila y la de adelante. Es buenísimo.

A mí mucho no me afecta porque soy chiquita, y el espacio para las piernas del vuelo de Frankfurt me era más que suficiente, pero si me hubieran tenido que pedir de salir para ir al baño, me tendría que haber levantado. En cambio, acá cuando la señora de al lado quiere salir ni siquiera tiene que pedirme nada. Yo corro los pies si los tengo estirados, muevo la pantallita si está muy para atrás y estamos joya. Team work.

La señora que se me sienta al lado es una ahjumma que habla poquito inglés. Se durmió casi todo el viaje, vio unos 20 minutos de diferentes pelis para decidir enseguida que no le gustaban y se despertaba solo para comer y para tomar algo.

Yo volví a no dormir nada, pero por todo lo contrario al vuelo a Frankfurt: la pasé tan bien que mi sistema nervioso (ah re que se hacía la que no había malgastado las horas de Riccilo haciendo que la doña intente explicarme cosas básicas de Biología que no me entraba en la cabeza) no se quería dormir.

La ahjumma no sabía bien cómo sacar, acomodar y usar la pantalla, así que la ayudé y me sonrió y casi gritó tenkiuuuu con un acento muy fuerte. Siempre que pasaban con la bebida la señora estaba en el baño o haciendo algo, así que le pregunté a su hija si quería que le pidiera algo cuando yo pidiera agua: me dijo que le pidiera sikhye, y como yo le hablaba todo en coreano, comenzamos a hablar.

Se sorprendió de que supiera el suficiente coreano como para mantener una conversación, así como se sorprendió una señora que me pidió disculpas por golpearme al pasar por al lado a la que yo le respondí que estaba todo bien. Literalmente puso carita de 😮 y dijo oh.

Les azafates, sobre todo la coreana jovencita y un inglés de unos 30yalgo, 40, fueron súper piolas y hasta me dieron una mano con la declaración de regalos/motivos por los que visitás el país que te dan antes de aterrizar. A diferencia de los de Buenos Aires-Frankfurt, el inglés me entendía perfectamente el inglés y la coreana me entendía el coreano; les del primer vuelo me pedían que les repitiera dos o tres veces la palabra water. No podés ser tan gile. 

Nos dieron comida coreana, así que ya estaba emocionada. Traía un kimchi envasado que jamás había probado pero que sorprendentemente tiene un gusto muy similar al hecho a mano por las ahjummas en Argentina. Por este paquetito le pedí al azafato inglés, que tiraba frases en coreano y daba los vasos con una mano y sosteniendo esa muñeca con su otra mano, con unos modales casi impecables, “two cups of water please since the kimchi is kinda meun“, porque obvio que my extra ass recuerda cómo decir meun cuando habla en inglés pero no spicy.

Igual se rió y me dijo que “it always kinda is“, y ahí me di cuenta de lo feliz que era en ese vuelo.

En el viaje a Frankfurt, con latinoamercanes/europees en su mayor parte, les azafates nos hablaban en alemán, inglés y un poco de español. Acá, en cambio, era inglés o coreano. Te adaptás o perdés. Y yo me estoy adaptando.

Intento contar las horas que llevo despierta pero me pierdo con los cambios de horario. 36 seguro. 35, ponele, por si realmente dormí esa hora que creo haber dormido en el vuelo a Frankfurt.

Me siento delirante pero en un buen sentido, porque ya no solo estoy borracha de sueño sino también de felicidad.

Chusmeo qué hacen las gentes que aún siguen despiertas, veo al mismo hombre de pantalón y camisa levantarse dos o tres veces a caminar por el pasillo, pienso en cómo una canción que estoy escuchando es la fusión de dos de los discos del cantante en cuestión pero no se lo digo a nadie. Me pongo a pensar en qué voy a hacer primero, y creo que voy a ordenar la ropa en el armario, ir a comprar las perchas, quizás la almohada, y no sé qué más. Quizás duerma una hora o algo antes de hacer todo eso. Pero no quiero perder tiempo por si me quedo dormida más de lo que debo y esa noche me la paso en vela, o si no alcanzo a comprar las cosas que tengo que comprar porque sin conocer el barrio y sin datos ni loca salgo de noche a comprar nada.

Me quedan unas horas para Incheon y yo no puedo creer que el tiempo pase tan lento.

Llego al aeropuerto y todo pasa muy rápido. Es como si no me estuviera pasando a mí. Hago todo de forma automática, a pesar de que esta sea la primera vez que tengo que bajarme casi definitivamente de un avión, pasar el control de la visa, esperar casi media hora para que aparezca la valija. Compro la SUBE de allá, que se llama T-money card, y dormidísima como estoy le digo al loco que atiende que me cargue ₩200.000 (más o menos 200 dólares); él está claramente más atento y despierto que yo, así que me mira, me sonríe y me dice “I guess you meant ₩20.000?“.

Voy a tomarme el bondi, me equivoco porque creo que hay que sacar pasaje y no pagar con la SUBE, hago toda la fila de vuelta mientras uso el wifi del aeropuerto y mando fotos. Cuando me subo al bondi, que también tiene wifi, calefacción y hasta cinturones (qué honor ser un bondi cheto; aprendan, Costera y Plaza), me relajo y miro el paisaje, muy muerto por la estación pero aún así hermoso.

Llegué, estoy acá. Aún cuando me falte saber bien dónde me bajo con el bondi. Aún cuando me falte subir una colina terrible con una valija de 21kg, porque la universidad está en una montaña/colina/something (no solo no aprendí Biología en la secundaria, sino que tampoco aprendí Geografía). Aún cuando vaya a pasar otras cuantas horas sin dormir para después despertarme a las 4am. 

Llegué y todavía no puedo creerlo del todo. Me adapto, readapto y transformo.

Pero estoy acá.

11 comentarios
  1. Ay Flor que hermoso todo! Leerte fue estar un poquito ahí. Lo disfruté. Que siga igual de maravillosa la aventura. Y que continúen los relatos. Hasta el próximo capítulo.
    Te quiero,
    Maru.

  2. Me emociona tanto que transcribas en palabras todo lo que significa cumplir un sueño con los miedos, con la ansiedad, la felicidad y la tristeza que se me piñata un lagrimón.
    Voy a estar pendiente.
    Mary.

  3. Qué grande Flopa. Qué emoción! Estás cumpliendo un sueño que te llevó mucho tiempo de estudio y dedicación. Estás ahí! Qué maravilla!

  4. Flor q viaje interminable!! Para todos fue muyyy largo. Pero ya estas ahi y por lo q charlamos veo q lo disfrutas. Hay mucho para aprender, no solo del idioma. Parece ser un pais y una cultura interesante. Aprovechalo!! Disfrutalo!! Es tu sueño, atrapalo!! ❤

  5. Que lindo Flor!! Yo no sé si me hubiera animado a algo así!!! Disfruta mucho te extrañamos y queremos !!!

  6. Qué hermoso tu relato Flor! Me encanta que disfrutes cada momento y lo puedas plasmar en una crónica tan buena. Es como acompañarte un poquito a lo lejos. Abrazo fuerte!!!!

  7. No sé por qué no vine a leerte antessss, te pido mildis.

    Me habías contado casi todo lo que pusiste acá, pero leerte así como que lo estabas viviendo y escribiendo en el momento es un flash. Qué locura, me imagino la ansiedad/felicidad/ganas de morir que pasaste, todo junto. Pero se nota que estás contenta por lo que se viene ♥

  8. Me haces reír muchísimo los comentarios del avión mañana sigo chusmeanfo el Blog me voy a cocinar alozno puedo parar de leer tus historias me atrapan pero tengo que alimentar al Gordi jaja hasta mañana

  9. Me haces reír muchísimo los comentarios del avión mañana sigo chusmeanfo el Blog me voy a cocinar alozno puedo parar de leer tus historias me atrapan pero tengo que alimentar al Gordi jaja hasta mañana

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