Ansiedad es Gwanghwamun

Gwanghwamun es la plaza más importante de Seúl: es nuestra Plaza Moreno, pero menos cuadrada y mucho más larga.

Ahí están las principales instituciones de Corea, que pintan un increíble mapa de las relaciones de poder del país: la Casa Azul, donde reside el Presidente, casi tapada por el palacio de Gyeongbokgung; la Embajada de Estados Unidos, vigilada por policías coreanos, siempre hombres, con chaleco amarillo flúo, y algún tipo de policía estadounidense, también siempre hombres, que muchas veces se visten con traje, como en las películas; las redacciones de los principales diarios de Corea, en su mayoría conservadores, como si su cercanía con la Casa Azul no fuera más que obvia; y una pagoda, reemplazando la iglesia católica a la que une como occidental está acostumbrade.

También hay muchas galerías de arte y museos, otro tipo de empresas, otras embajadas dentro de los edificios de esas empresas. Miles y miles de autos pasan cada hora, probablemente millones de personas la visitan cada mes, y todos los días cientos de coreanes paran un par de minutos para sacarse una foto con las estatuas del Rey Sejong o el General Yi Sun-sin.

Gwanghwamun casi en el medio tiene unas aguas danzantes, frente a una de las estatuas, y cada cierto tiempo se encienden un ratito para apagarse una media hora y volver a empezar.

Antes de que se enciendan, una voz le avisa a la gente a través de unos parlantes, los cuales jamás podés ubicar, que se corran porque dentro de poco va a empezar el show de las aguas danzantes. Lo dice en coreano, inglés y japonés, pero no siempre la gente que está cerca habla esos idiomas. Y aún cuando no lo hagan, o cuando sí y simplemente no le estén prestando atención al anuncio, de alguna u otra forma siempre zafan de mojarse. Quizás porque no se acercan demasiado o porque tienen suerte de que alguien que sí prestó atención les avise, como he hecho varias veces. Se pegan alto cagazo o medio que salen corriendo, pero jamás terminan mojades.

Cuando llegué a Corea hacía frío y hasta hubo un par de días en los que nevó, así que no había show de nada: poca gente, muchos autos, coreanes apurades para ir a trabajar y nada más. No había agua, no había anuncio, pero los agujeros en el piso, de los que sale el agua en verano, estuvieron siempre. Aún no le sacaban protagonismo al resto de la plaza, pero ahí estaban, esperando.

Cuando empezó a llegar el calor comenzaron los anuncios y el agua, pero todavía la gente no se acercaba. Temiendo el frío, temiendo mojarse, se mantenía a cierta distancia para sacarse foto. Mostraban la estatua de fondo, sonreían o hacían la V con la manito, pero no se acercaban nunca al agua helada que salía de a ratitos.

Cuando la temperatura pasó los 30°, grandes y chiques se metieron al agua. Jugaron, corrieron, se sacaron fotos. Fotógrafes de diferentes medios pidieron permiso a las señoras que estaban con les nietes para sacarles foto e ilustrar alguna nota de “¡llegó el verano a Gwanghwamun!” y les ancianes se sentaron en los canteros ya llenos de flores a ver cómo les niñes jugaban todes juntes, se conocieran o no. La gente estaba un rato, se secaba como podía o caminaba así hasta la estación de subte que está debajo de la plaza para cambiarse en el baño, pero después de que se fueran el agua seguía ahí. Paraba un rato, descansaba el sistema, pero poco después volvía a empezar.

Gwanghwamun es una plaza que no para nunca. Es la zona cuyas instituciones que la rodean son las más influyentes del país, es una de las más transitadas, una de las más políticamente activas. Es la que me enseñó a militar al estilo coreano, a estarle encima dos horas por día como mínimo, a lidiar con personas que o se interesan mucho por lo que se hace y se quedan charlando conmigo, o les importa todo un pito y ni siquiera te dirigen la palabra para decirte un “no, estoy apurade, gracias”.

Gwanghwamun es desquiciada y upbeat para después pasar a ser triste y generarme un sentimiento de tener muy hondo el pecho. Gwanghwamun me dio días de los más hermosos y significativos de mi vida, pero también me dio una terrible sensación de soledad y desesperación.

Son días que me enseñaron a aprender a sentir y reconocer mi ansiedad. Porque la ansiedad crece y crece y para un rato, pero solo para recargar energía y volver a empezar. La ansiedad son las aguas danzantes, la gente que se moja un rato para después seguir con su vida mientras el resto sigue ahí, es el anuncio en tres idiomas que si lo escuchás no sabés de dónde viene, y que si no lo escuchás te terminás jodiendo vos. La ansiedad es la gente que llena Instagram con las selfies en la plaza pero sale corriendo cuando empieza a salir el agua, porque le molesta o incomoda. La ansiedad somos nosotres.

La ansiedad es Gwanghwamun.

3 comentarios
  1. Flor una vez mas me llevaste, con tus sensaciones, vivencias y hermosa descripcion, a esa plaza de Seul que tanto te movilizo . Me parece ver esas aguas danzantes y chicos mojados jugando, los edificios publicos ,las embajadas y coreanos corriendo hacia sus trabajos, tu ansiedad y la de ellos. Una vez mas me llevaste a recorrer otro paisaje coreano.❤

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